Higienizando: eliminamos malos olores en Sevilla desde 2008

Higienizando es una empresa de Sevilla dedicada a la eliminación de malos olores de bajantes y cañerías en negocios. La montó Raquel Pantoja en 2008 y desde entonces trabaja con la misma idea: si el olor vuelve, es que no se ha quitado la causa.

Somos dos personas, sin franquicia detrás y sin call center. El 60-70 % de nuestra cartera son apartamentos turísticos, y el resto se reparte entre hoteles, hostales y locales del centro.

18 años y 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe

La empresa existe desde 2008. Eso son dieciocho años midiendo el mismo bajante en las mismas calles, y hoy tenemos 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe.

Dieciocho años dan para saber cosas que no vienen en ningún manual. Que en los edificios del Arenal y de Triana el problema aparece antes porque el agua es dura y el suelo fue ribera del Guadalquivir. Que en un edificio con veinte años el bote sifónico es el primer sospechoso. Y que en agosto, en un apartamento turístico del centro, un baño que huele se convierte en una reseña antes de que acabe la semana.

En Sevilla, además, el problema tiene una vuelta más. La ciudad ya no concede licencias nuevas de apartamentos turísticos, así que un huésped que se va a otro alojamiento por una reseña no se sustituye: la cartera que hay es la que hay. Eso hace que un olor mal gestionado cueste más aquí que en una ciudad que sigue creciendo.

No somos los más baratos y no lo escondemos: un bote de supermercado cuesta cinco euros. Lo que hacemos es otra cosa y se paga.

Raquel Pantoja, al frente del servicio técnico

Raquel Pantoja montó la empresa y sigue al frente del servicio técnico desde 2008. Es quien visita los locales, quien mide el sulfuro de hidrógeno, quien aplica el tratamiento y quien te llama un año después para saber cómo va la cosa.

En la práctica, eso significa que no hay intermediarios. El que diagnostica es el mismo que trata, y el que trata es el que vuelve cada mes. Cuando alguien te dice por teléfono que en su piso el bajante es viejo, sabe de qué habitación se trata.

Raquel entra en los negocios con el código o la intranet del cliente y sin depender de que haya alguien en recepción. En un hotel eso es la diferencia entre trabajar y esperar a que aparezca la persona que abre.

En una visita normal, Raquel mide los puntos de tratamiento, repone el producto de los equipos, los higieniza y cambia las baterías. Si el cliente está, se habla; si no está, se deja el registro y se avisa por WhatsApp de lo que se ha encontrado. No es una cuadrilla que rota: es la misma persona todos los meses, y eso hace que se acuerde de qué baño daba problemas en marzo.



Por qué medimos el olor en lugar de taparlo

El sector de los olores vive de lo subjetivo: «a mí me parece que huele menos». Nosotros decidimos hace años que no queríamos jugar a eso.

Se mide el sulfuro de hidrógeno antes de tocar nada, se trata, y se vuelve a medir. El registro se entrega por escrito cada mes, y a partir de ahí la conversación cambia por completo: hay un número antes y un número después.

Esa es la razón de que en Higienizando la eliminación de malos olores se cuente con datos y no con promesas. Un aparato puede estar trabajando y el nivel no bajar; si eso pasa, hay que cambiar algo, y solo se sabe midiendo.

El registro mensual también sirve para discutir menos. Cuando el olor no está en tu local sino en la bajante común del edificio, ese papel es lo que se lleva a una reunión con el propietario o con la comunidad: un dato medido pesa más que la impresión de cualquiera.

Y cuando el número sube, hay un protocolo claro: se revisa el punto de tratamiento, se comprueba si el aparato está trabajando como debe y se repite el choque sin coste. La medición de Higienizando no es un adorno del informe, es lo que decide qué se hace después.

Cómo trabajamos: diagnóstico, plan de choque y visita mensual

Todo empieza con una llamada de WhatsApp y sigue con una visita. La eliminación de malos olores que hacemos tiene tres partes: el diagnóstico, el plan de choque y el mantenimiento mensual. Ninguna de las tres se puede saltar, y ninguna se factura por sorpresa: el cliente sabe lo que cuesta antes de empezar.



Cómo trabajamos: diagnóstico, plan de choque y visita mensual

Todo empieza con una llamada de WhatsApp y sigue con una visita. La eliminación de malos olores que hacemos tiene tres partes: el diagnóstico, el plan de choque y el mantenimiento mensual. Ninguna de las tres se puede saltar, y ninguna se factura por sorpresa: el cliente sabe lo que cuesta antes de empezar.

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18 años y 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe

La empresa existe desde 2008. Eso son dieciocho años midiendo el mismo bajante en las mismas calles, y hoy tenemos 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe.

Dieciocho años dan para saber cosas que no vienen en ningún manual. Que en los edificios del Arenal y de Triana el problema aparece antes porque el agua es dura y el suelo fue ribera del Guadalquivir. Que en un edificio con veinte años el bote sifónico es el primer sospechoso. Y que en agosto, en un apartamento turístico del centro, un baño que huele se convierte en una reseña antes de que acabe la semana.

En Sevilla, además, el problema tiene una vuelta más. La ciudad ya no concede licencias nuevas de apartamentos turísticos, así que un huésped que se va a otro alojamiento por una reseña no se sustituye: la cartera que hay es la que hay. Eso hace que un olor mal gestionado cueste más aquí que en una ciudad que sigue creciendo.

No somos los más baratos y no lo escondemos: un bote de supermercado cuesta cinco euros. Lo que hacemos es otra cosa y se paga.

18 años y 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe

La empresa existe desde 2008. Eso son dieciocho años midiendo el mismo bajante en las mismas calles, y hoy tenemos 170 clientes en Sevilla y el Aljarafe.

Dieciocho años dan para saber cosas que no vienen en ningún manual. Que en los edificios del Arenal y de Triana el problema aparece antes porque el agua es dura y el suelo fue ribera del Guadalquivir. Que en un edificio con veinte años el bote sifónico es el primer sospechoso. Y que en agosto, en un apartamento turístico del centro, un baño que huele se convierte en una reseña antes de que acabe la semana.

En Sevilla, además, el problema tiene una vuelta más. La ciudad ya no concede licencias nuevas de apartamentos turísticos, así que un huésped que se va a otro alojamiento por una reseña no se sustituye: la cartera que hay es la que hay. Eso hace que un olor mal gestionado cueste más aquí que en una ciudad que sigue creciendo.

No somos los más baratos y no lo escondemos: un bote de supermercado cuesta cinco euros. Lo que hacemos es otra cosa y se paga.

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